"La Sala sin Ventanas" by Sabrina Salazar | Kent District Library adjustadnalign-centeralign-justifyalign-leftalign-rightambulanceanchorandroidangellistangle-double-downangle-double-leftangle-double-rightangle-double-upangle-downangle-leftangle-rightangle-upapplearchivearea-chartarrow-circle-downarrow-circle-leftarrow-circle-o-downarrow-circle-o-leftarrow-circle-o-rightarrow-circle-o-uparrow-circle-rightarrow-circle-uparrow-downarrow-leftarrow-rightarrow-uparrows-altarrows-harrows-varrowsasteriskatbackwardbanbar-chartbarcodebarsbedbeerbehance-squarebehancebell-obell-slash-obell-slashbellbicyclebinocularsbirthday-cakebitbucket-squarebitbucketboldboltbombbookbookmark-obookmarkbriefcasebtcbugbuilding-obuildingbullhornbullseyebusbuyselladscalculatorcalendar-ocalendarcamera-retrocameracarcaret-downcaret-leftcaret-rightcaret-square-o-downcaret-square-o-leftcaret-square-o-rightcaret-square-o-upcaret-upcart-arrow-downcart-pluscc-amexcc-discovercc-mastercardcc-paypalcc-stripecc-visacccertificatechain-brokencheck-circle-ocheck-circlecheck-square-ocheck-squarecheckchevron-circle-downchevron-circle-leftchevron-circle-rightchevron-circle-upchevron-downchevron-leftchevron-rightchevron-upchildcircle-o-notchcircle-ocircle-thincircleclipboardclock-ocloud-downloadcloud-uploadcloudcode-forkcodecodepencoffeecogcogscolumnscomment-ocommentcomments-ocommentscompasscompressconnectdevelopcopyrightcredit-cardcropcrosshairscss3cubecubescutlerydashcubedatabasedeliciousdesktopdeviantartdiamonddiggdot-circle-odownloaddribbbledropboxdrupalejectellipsis-hellipsis-vempireenvelope-oenvelope-squareenvelopeerasereurexchangeexclamation-circleexclamation-triangleexclamationexpandexternal-link-squareexternal-linkeye-slasheyeeyedropperfacebook-officialfacebook-squarefacebookfast-backwardfast-forwardfaxfemalefighter-jetfile-archive-ofile-audio-ofile-code-ofile-excel-ofile-image-ofile-ofile-pdf-ofile-powerpoint-ofile-text-ofile-textfile-video-ofile-word-ofilefiles-ofilmfilterfire-extinguisherfireflag-checkeredflag-oflagflaskflickrfloppy-ofolder-ofolder-open-ofolder-openfolderfontforumbeeforwardfoursquarefrown-ofutbol-ogamepadgavelgbpgiftgit-squaregitgithub-altgithub-squaregithubglassglobegoogle-plus-squaregoogle-plusgoogle-walletgooglegraduation-capgratipayh-squarehacker-newshand-o-downhand-o-lefthand-o-righthand-o-uphdd-oheaderheadphonesheart-oheartheartbeathistoryhomehospital-ohtml5ilsinboxindentinfo-circleinfoinrinstagramioxhostitalicjoomlajpyjsfiddlekdl-lab keykeyboard-okrwlanguagelaptoplastfm-squarelastfmleafleanpublemon-olevel-downlevel-uplife-ringlightbulb-oline-chartlinklinkedin-squarelinkedinlinuxlist-altlist-ollist-ullistlocation-arrowlocklong-arrow-downlong-arrow-leftlong-arrow-rightlong-arrow-upmagicmagnetmalemap-markermars-doublemars-stroke-hmars-stroke-vmars-strokemarsmaxcdnmeanpathmediummedkitmeh-omercurymicrophone-slashmicrophoneminus-circleminus-square-ominus-squareminusmobilemoneymoon-omotorcyclemusicneuternewspaper-oopenidoutdentpagelinespaint-brushpaper-plane-opaper-planepaperclipparagraphpausepawpaypalpencil-square-opencil-squarepencilphone-squarephonepicture-opie-chartpied-piper-altpied-piperpinterest-ppinterest-squarepinterestplaneplay-circle-oplay-circleplayplugplus-circleplus-square-oplus-squarepluspower-offprintpuzzle-pieceqqqrcodequestion-circlequestionquote-leftquote-rightrandomrebelrecyclereddit-squareredditrefreshrenrenrepeatreply-allreplyretweetroadrocketrss-squarerssrubscissorssearch-minussearch-plussearchsellsyservershare-alt-squareshare-altshare-square-oshare-squareshareshieldshipshirtsinbulkshopping-cartsign-insign-outsignalsimplybuiltsitemapskyatlasskypeslackslidersslidesharesmile-osort-alpha-ascsort-alpha-descsort-amount-ascsort-amount-descsort-ascsort-descsort-numeric-ascsort-numeric-descsortsoundcloudspace-shuttlespinnerspoonspotifysquare-osquarestack-exchangestack-overflowstar-half-ostar-halfstar-ostarsteam-squaresteamstep-backwardstep-forwardstethoscopestopstreet-viewstrikethroughstumbleupon-circlestumbleuponsubscriptsubwaysuitcasesun-osuperscripttabletablettachometertagtagstaskstaxitencent-weiboterminaltext-heighttext-widthth-largeth-listththumb-tackthumbs-downthumbs-o-downthumbs-o-upthumbs-uptickettimes-circle-otimes-circletimestinttoggle-offtoggle-ontraintransgender-alttransgendertrash-otrashtreetrellotrophytrucktryttytumblr-squaretumblrtwitchtwitter-squaretwitterumbrellaunderlineundouniversityunlock-altunlockuploadusduser-mduser-plususer-secretuser-timesuserusersvenus-doublevenus-marsvenusviacoinvideo-cameravimeo-squarevinevkvolume-downvolume-offvolume-upweiboweixinwhatsappwheelchairwifiwindowswordpresswrenchxing-squarexingyahooyelpyoutube-playyoutube-squareyoutube

"La Sala sin Ventanas" by Sabrina Salazar

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Giró el pomo sin esperar la voz que dijera, “pase.” La buena educación en la sala sin ventanas da igual. Las cuatro paredes estaban blancas igual que el piso, y en el medio se encontraban dos lechos, aunque solo uno había estado ocupado. “Padre, soy yo,” susurró la hija. El hombre, quien estaba acostado en la cama, abrió los ojos cansados lentamente, sin responder.

“A ver, dame un abrazo,” insistió la hija mientras se acercaba hacia el pecho de su viejo padre. Aunque no la abrazó, sí le dio un besito cariñoso en la mejilla para demostrarle su amor incondicional de padre.

En ese momento, ella vació su bolso y sacó un cuaderno en blanco. “Así nos comunicamos por escrito”, sugirió ella. Procedió poniendo un bolígrafo en su palma y le cerró la mano para que lo pudiera sujetar mejor, sin que se le cayera de la mano. Al verlo escribir, se había llenado de emoción hasta que leyó sus garabatos indescifrables. El escrito decía claramente: “Hija, me quiero morir.” En ese momento, se llenó la sala de un imposible silencio, que lleva a la soledad más profunda del ser humano. Ese silencio inexplicable e incoherente que no recobra ni el más mínimo sentido con la palabra, ni con el gesto humano. A esta hija, ante tal afirmación, le pareció extraño que la tristeza que sentía en ese momento le produjera un frío escalofriante, que no había entrado por ninguna ventana. Empezó a pensar e imaginar cuántas curiosidades debería tener su padre, aunque no las podría manifestar ahora debido a su situación. Ahora él se preguntaría a sí mismo: “¿Cuándo quiero hablar, por qué no me sale la voz?, ¿cuándo quiero que se me mueva el cuerpo, por qué no se mueve?, ¿cuándo me quiero morir, por qué no me muero?”

En este estado era como un mimo, pero sin gestos ni descanso. Vivía en una caja imaginaria, y fuera de ella, residía todo el mundo. Lo único que le pertenecía era su propia mente y su capacidad para imaginar y crear situaciones que no podría llegar a materializar; pero se preguntó, ¿de qué sirve tener esta imaginación si no puedo expresarla? La hija se puso a pensar en los últimos meses y en aquel día cuando le describió a su madre lo enfermo que estaba su padre. Las dos habían entrado en su casa, todas las luces estaban apagadas, incluso en la habitación donde estaba sentado el enfermo. Este se mantenía con una postura en la que encorvaba los brazos sobre su bastón. Al verlo tan despeinado y derrotado, la madre quedó estupefacta y le preguntó, “¿que es lo que te pasa?”. La hija no pudo detener sus lágrimas y corrió hacia el baño. Al meterse dentro golpeó la puerta, causando un sonido tan fuerte que hizo temblar toda la casa. El dolor profundo que sentía le hizo arrodillarse en el suelo, como si fuese una niña perdida en el llanto más profundo que jamás habría experimentado. Ahora ya no podría venir su padre para consolarla como hacía cuando ella era pequeña como cuando la rescataba de pequeña de las injusticias que le causaban sus hermanas mayores o amiguitos de la escuela. Su padre protector ya no podría rescatarla de ese dolor. En este estado solo podía cuestionar por qué tenía que pasar esto, y a su padre, quien siempre había sido un padre ejemplar y buen ser humano. Cuestionar todo esto no solucionaba su estado, pero aun así se hacía preguntas para entender todo. De alguna manera, esto la consolaba.

Al principio, ni los doctores entendían lo que le estaba pasando a su padre. Solo sabían que el hombre iba a morirse y muy pronto, sin ninguna explicación aparente, ya que iba a encontrar de todo pronóstico para la enfermedad que le habían diagnosticado. Cuando por fin recibió un diagnóstico exacto, fue como recibir una sentencia de muerte. Le informaron que iba a morirse dentro de un año y nada ni nadie podía hacer nada para salvarlo. Antes tal pronóstico, decidió asumir esta realidad, y pensó en que tal vez podría hacer cosas que nunca hubiera hecho de no haber tenido esta noticia: por ejemplo, se propuso viajar por todo el mundo o saltar en paracaídas de un avión. Todo estaba relacionado con el aire, con la idea de sentirse libre porque jamás volvería a sentir la brisa por su rostro, ya que se convertiría en esclavo de su propio cuerpo a medida que avanzase la enfermedad; quedaría postrado en una cama y limitado al espacio claustrofóbico de una habitación.

Cuando perdió la movilidad de las manos, había escrito la última carta. Desesperadamente, la hija buscaba el cuaderno medio usado, pero no lo encontró por ningún lado, porque en él se encontraba esta y muchas otras cartas, en las que su padre escribía todo lo que dejaba de hablar porque la enfermedad le había quitado el habla desde el principio. Ella quería guardar cada recuerdo de su padre hasta lo mínimo que pudiera quedar. Sabía que el tiempo se iba acabando y cada parte de su cuerpo iría venciéndose y sucumbiéndose a la feroz enfermedad. Un día como cualquier otro ella recibió una llamada desde el hospicio. Cada vez que oía sonar el celular, esperaba lo peor, porque sabía que solo eran malas noticias las que recibía sobre la enfermedad de su padre: “Señorita, no debes tardar en llegar. La enfermedad se ha intensificado demasiado y ya no podemos hacer nada.” Esta fue la última llamada que recibió.

En vez de soledad y silencio, la sala estaba llena de gente y ruido, lo cual notó la niña al llegar a la puerta. Abrazó a su padre muy tiernamente mientras él luchaba por respirar. Los médicos la advirtieron, “aprovecha el tiempo con él mientras puedas.” Al poco tiempo, llegaron la madre y el hermano de la niña, que apenas tenía diez años. Los hijos quedaron hasta tarde para estar cerca de su querido padre, abrazándolo y acariciando sus manos frías e inmóviles.

Durante esta noche, a pesar de estar cansados todos, la mamá decidió cocinar la comida favorita de su hijo para ver si se animaba. Sin embargo, él quedó en silencio en su habitación con la puerta cerrada. La hija se acostó con temor a quedar dormida, así que decidió soñar cosas bonitas en las que podría recordar a su padre como antes, caminando, abrazándola. En el sueño era como antes, fuerte y guapo. Habían jugado los dos una eternidad en un parque sin vallas. Por esto se despertó a medianoche porque le dio sed. Al caminar hacia el lavabo, y antes de que sus labios se asomaran el borde del vaso, el teléfono sonó.

Escuchó la voz soñolienta de su madre, pero no pudo comprender las palabras que ella había pronunciado, aunque sabía lo que estaba pasando. La madre giró el pomo de su habitación, despacio y sin ganas. “Hija, ven.” Las dos se abrazaron muy fuerte y tiernamente. “Se fue.” Afuera había estado lloviendo, el cielo estaba nublado como si fuesen los ojos de los hijos tristes. Sin decir palabras, viajaron al hospicio. Aunque solo quedaba a ocho minutos de distancia, el tiempo pasó despacio, parecía una eternidad. Cuando por fin llegaron al hospicio, se sintió un cambio brusco de temperatura, como al inicio. La sala estaba más vacía de lo normal. “¡Papá!”. El hijo corrió y se arrodilló a su lado. “¿Por qué nos has dejado papá? si nosotros te queremos mucho.” La mamá y la hermana lo dejaron al niño dolorido, porque no sabían cómo consolarlo. Ellas entendían que los hombres también lloran. Unos cuidadores llegaron a llevar el cadáver.

Sí, en la sala no había ventanas. Las cosas que se pueden tocar nunca pueden escapar. En la sala sin ventanas, solamente las almas y los llantos de los que sufren la muerte de sus seres queridos son los que obtienen el privilegio a volar por los aires. Ahora, a esta hija, solo le quedaba el consuelo de poder soñar a su padre antes de la enfermedad. Sabía que en el recuerdo y a través de sus escritos, él la acompañaría a lo largo de su vida. Las ventanas tendrían también un nuevo sentido para ella, así como las salas sin ventanas.

About the author

Sabrina Salazar is a junior at Central Michigan University. Her areas of study include international business and Spanish. In her free time, she enjoys reading, writing, and spending time with her family in Livonia, Michigan. She also enjoys independent films and a wide array of music. Sabrina, a language and culture aficionado, aspires to travel the world someday.

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